Capítulo 07. LOS REGALOS DEL REINO.

El Reino de los Cielos es la morada del Hijo de Dios, quien no abandonó a su Padre ni mora separado de Él. El cielo no es un lugar ni tampoco una condición. Es simplemente la conciencia de la perfecta unicidad y el conocimiento de que no hay nada más.
Lo que tú crees ser determina los regalos qué haces.
Lo que proyectas o extiendes es real para ti.
Los que tienen certeza gozan de perfecta calma porque no tienen dudas. No cuestionan nada porque en sus mentes no entra nada que sea cuestionable. Esto los mantiene en un estado de perfecta serenidad, ya que al saber lo que son, eso es lo que comparten.
Cuando despiertas al amor, estás simplemente olvidando lo que no eres, lo cual te capacita para recordar lo que si eres.
La única manera de desvanecer las ilusiones es retirando de ellas todo el valor que les has otorgado.
Cuando una mente contiene solamente luz, conoce solamente la luz. Su propia luminiscencia alumbra todo a su derredor y se extiende hasta la penumbra de otras mentes y las transforma en majestad.

La sesión concluye con una meditación guiada de sanación.

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