"¡Que simple es la salvación! Tan solo afirma que lo que nunca fue verdad no es verdad ahora ni lo será nunca. Lo imposible no ha ocurrido, ni puede tener efectos. Eso es todo.
El mundo que ves es el resultado de la lección que enseña que el Hijo de Dios es culpable. Es un mundo de terror y desesperación. En el no hay la más mínima esperanza de hallar felicidad.
En el mundo que resulta de la lección que afirma que el Hijo de Dios es inocente no hay miedo, la esperanza lo ilumina todo y una gran afabilidad refulge por todas partes.
Existe una marcada tendencia a pensar que el mundo puede ofrecer consuelo y escape de los mismos problemas que tiene como propósito perpetuar. ¿A que se debe esto? Se debe a que este es un lugar en el que elegir entre ilusiones parece ser la única opción, y a qué tú crees tener control de los resultados de tu elección.
Perdónate a ti mismo tu locura y olvídate de todas las jornadas fútiles y de todas las metas sin objetivo. No significan nada. NO PUEDES DEJAR DE SER LO QUE ERES. Pues Dios es misericordioso y no permitió que su hijo lo abandonara. Siéntete agradecido por lo que El es pues en ello reside tu escapatoria de la locura y de la muerte. No puedes estar en ningún lugar excepto donde él está. Y no hay camino que no conduzca a él.
La verdad en ti permanece tan radiante como una estrella, tan pura como la luz, tan inocente como el amor mismo.
Elige de nuevo si quieres ocupar el lugar que te corresponde entre los salvadores del mundo o si prefieres quedarte en el infierno y mantener a tus hermanos ahí.
Las pruebas por las que pasas no son más que lecciones que aún no has aprendido que vuelven a presentarse de nuevo a fin de que donde antes hiciste una elección errónea, puedas ahora hacer una mejor y escaparte así del dolor que te ocasionó lo que elegiste previamente.
Las imágenes que fabricas no pueden prevalecer contra lo que Dios mismo quiere que seas. Por lo tanto jamás tengas miedo de la tentación, sino reconócela como lo que es: una oportunidad más para elegir de nuevo y dejar que la fortaleza de Cristo impere en toda circunstancia.
Aprende pues el feliz hábito de responder a toda tentación de percibirte a ti mismo débil y afligido con estas palabras: SOY TAL COMO DIOS ME CREO. SU HIJO NO PUEDE SUFRIR Y YO SOY SU HIJO.
No os pido nada, experto vuestra propia liberación.
Y ahora decimos AMÉN. Pues Cristo ha venido a morar al lugar que, en el sosiego de la eternidad tú estableciste para el desde antes de los orígenes del tiempo. La jornada llega a su fin y acaba donde comenzó. No queda ni rastro de ella. Ya no se le otorga fe a ninguna ilusión, ni queda una sola mota de obscuridad que pudiese ocultarle a nadie la faz de Cristo. Pues hemos llegado allí donde TODOS SOMOS UNO y finalmente estamos en casa, donde tú quieres que estemos".
La sesión concluye con una meditación guiada de sanación.